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Subiendo la montaña En Chile las montañas son parte del hermoso paisaje. Yo amo la montaña. Subir una montaña para mí es enfrentarme a mis propios desafíos; es lograr mis propias metas; romper mis miedos. En Santiago, si quiero subir un cerro, puedo tomar el metro, una micro o un colectivo; e incluso en bicicleta llegó a los pies de un cerro. MontañasCuando comienzo a subir, miro lo lejano y alto que se encuentra la cumbre, entonces se vienen una serie de pensamientos a mi cabeza y pienso que no lo lograré, que está muy lejos, que me van a dar calambres, que me deshidrataré, que me subirá la presión o que me podría dar un edema pulmonar y la montaña inmóvil, majestuosa me mira, y camino siguiendo el sendero por el bosque esclerófilo los litres y peumos van quedando atrás. El terreno cambia a rocas y polvo, una suave brisa atenúa el calor. Busco una sombra, y no la hay. Mi corazón palpita a 100 por minuto. Pienso que mi corazón se va a escapar; y continuo subiendo. Algo se movió; mis sentidos se ponen en alerta. Es una lagartija de lindos colores, por un instante la lagartija me distrae del cansancio y del calor que siento, me detengo y miró la cumbre ¡Qué lejos está! Un verde guayacán da un poco de sombra, me tomo una pausa; me hidrato; siento que mi azúcar está baja; como una barrita de chocolate; me siento mucho mejor. Continúo subiendo; sorteando los obstáculos. Mi bastón es un gran apoyo; me salva de una resbalada y de caer. No sé si se acerca o se aleja la cumbre, pero cada vez mi corazón palpita más rápido, más fuerte. Siento que el aire se me escapa. Trato de retenerlo en mis pulmones. Y digo, ¡para!, ¡para!, ¡no puedo más! Bebo agua, me relajo, contemplo una roca de bellos colores. Miró a mi alrededor y veo la vida fluir en ese suelo seco, rocoso, con cactus y otras plantas; hermosas flores perfuman el aire de dulces aromas. Planta chilena Argylia adscendens, endémica de la Cordillera de los AndesPor unos segundos el éxtasis me invade; siento como mi sangre recorre cada centímetro de mi cuerpo y el desafío se hace más fuerte. No falta mucho; la cumbre está ahí; un esfuerzo más y llego. Clavo firme mi pie sobre la roca. Con mi bastón me impulso y pego el salto hacia otra roca. Por un instante volteo a ver el camino por donde he ido pasando; se ve más complicado de lo que parece. Pero es el camino que forjé para lograr la cumbre, un sendero en común que cada montañista hace, pero que cada quien decide como hacerlo; dónde poner los pies en cada paso que se da. Por donde va subiendo el sendero hay una enorme roca, e imagino. Si un gran temblor en ese instante ocurriese, la enorme roca rodaría cuesta abajo, arrastrando a otras pequeñas rocas, causando un gran derrumbe. Pienso; tal vez me aplasta. Pero alejo esos malos pensamientos y me concentro en la nube que va pasando. Siento que estoy a la mitad de la cumbre, y me siento desfallecer. Siento que las piernas no quieren caminar, que mi cabeza va a estallar, que mi esfuerzo es sobre humano. Pongo el pie en una roca firme y me impulso con el bastón. Tanteo que la otra roca esté firme. Doy un salto y siento que no me quedan más fuerzas para lograrlo. Estoy muy cansada, pero pienso. Si he llegado hasta aquí, no puedo desfallecer. Así que, con todas mis fuerzas, me impulso para dar el siguiente paso; las nubes pasan arriba de mi cabeza. Alzo la vista y una gran mancha negra cruza los cielos. La sigo con la mirada. Es un cóndor, qué bello, imponente y libre surca los cielos. Flota, baja y se eleva más alto, hasta que lo pierdo de vista. Qué magnífica ave, en mi retina un flash fotográfico captura el sublime vuelo, trepo por las rocas pensando en la libertad de volar, en la libertad del alma. Un suave viento sopla una fría brisa que acaricia mi pelo y me refresca. Levanto la vista y parece que arriba de mi nariz está la cima. Estudio los últimos pasos para lograr la meta; al parecer mi abastecimiento de energía está completamente agotado. Bebo un sorbo de agua y con gran esfuerzo continúo un poco más, un salto más y lo logró. Sierra del PochocoRespiro profundo y contemplo extasiada, el paisaje lleno de un cordón montañoso, con verde vegetación, picos nevados, gama de colores. Me siento como una pluma. Siento que toda la carga pesada se ha quedado en el camino, que soy libre como el cóndor, que puedo surcar los cielos, que los miedos y las culpas eran los que no me dejaban continuar. Una vez arriba el cansancio se esfuma. Aún queda energía para armar la carpa, cocinar una sopa, admirar el paisaje, sentirse pequeño ante la inmensidad de los montes, ver aparecer una a una las estrellas, y pensar que somos parte de ese gran cosmos, nosotros insignificantes seres, que a veces nuestra vanidad nos ciega y nos cierra los ojos al verdadero sentido de la vida. La noche iluminada por millones de cuerpos celestes. Un gran destello ilumina las cumbres; hilos de plata dibujan el cielo, me duermo con esa imagen en mi mente. Que los miedos no sean obstáculos para lograr las metas. #cerros #desafíos #libertad #montañas #montañismo #testimonio #trekking #vida

Konenpanien

Volver a leer este relato, vuelvo a vivir cada momento de lo que era subir los cerros en Chile, entre sufrimiento y felicidad máxima. La vida misma.